Todo empezó con un póster
George Lucas estaba en Inglaterra cuando vio en una agencia de viajes un póster de Tikal. Ahí encontró lo que buscaba para Yavin 4, la luna donde se esconde la base rebelde. Las tomas exteriores de esa luna se filmaron casi todas en las ruinas mayas.
Un rodaje con poleas y cerveza
El equipo filmó en marzo de 1977, en plena guerra civil en Guatemala. Para lograr la vista desde lo alto, subieron el equipo de cámara al Templo IV, de unos 65 metros, con un sistema de poleas. Y para que nadie se llevara el equipo, le pagaron a un guardia con cerveza. Un año después, las cabañas de madera donde había acampado el equipo fueron quemadas durante el conflicto.

La ciudad que no necesita efectos especiales
Tikal fue uno de los centros más importantes de la civilización maya y es de los sitios precolombinos más grandes que existen. El parque abarca unos 575 kilómetros cuadrados de selva, donde todavía viven jaguares, monos y tucanes. Hay quien le dice «la Nueva York de las ruinas mayas». Dos años después del rodaje, la UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad.
Los guías lo saben bien. Uno contó que un grupo de turistas le dijo que no lo contratarían si no los llevaba al lugar exacto donde se filmó la película. La neta, se entiende.
No fue la única película
Tikal también apareció en Moonraker (1979), de James Bond. Y un detalle para los fans: Oscar Isaac, el piloto Poe Dameron de la nueva trilogía, nació en Guatemala, el país donde se filmó Yavin 4.
Desde lo alto del Templo IV, la selva se ve igual que en la película: verde hasta donde alcanza la vista, con las puntas de los templos rompiendo el horizonte. La diferencia es que aquí nadie tuvo que inventarla.



